Imagino el recuerdo único de nuestras palabras,
cuando se intercambian una con otra y resulta fabuloso,
nuestros diálogos que se argumentan por el tiempo y sus invitados,
cada palabra tuya, penetra el alma mía y reside en mis recuerdos.
Recuerdo también, cuando nuestras miradas salpican y se interceptan
ese sentimiento de pena de no transcurrir mas allá de lo debido
ese segundo tenue de nuestra vida, ese momento en que nuestras manos se tocaron, para coincidir luego con el domicilio de nuestras almas.
Tu tan bella, tan hermosa, tan hermosa.
Piel blanca, ojos que reflejan la luna, y cabellos ondulados de tan bello olor
amo ese instante sin frecuencia del viento, pero tan bello e inolvidable como ningún otro,
atesoro cada momento, cada día, cada segundo que comparto contigo.
Palabras que encienden la dicha de conocerte
palabras tan sinceras y pulcras como tu sonrisa tan fina y bella
que endulzan cada una de las palabras que perciben mis oídos,
Esa mirada que pierdes en el ocaso,
Tan bello rostro que inunda mi vida.
Moisés Aranda
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